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miércoles, 12 de octubre de 2016

¿ES EL ABN UNA BOLA DE ACERO O UNA NARANJA?, Dr. Jaime Martinez Montero.

Una de mis obligaciones, o al menos así lo considero, es proporcionar argumentos para que quienes sigan el método puedan emplearlos en defensa de lo que hacen. Porque no suele ser infrecuente encontrarnos con personas, individuales o colectivas, que han tomado postura contra el método de una forma cerrada (¿o cerril?) y se suelen amparar en una descalificación global, o de plano, como dirían los juristas.
 
Jaime Martinez M.

No siempre es posible defenderse de argumentos irracionales con otros racionales. Tampoco lo es convencer a alguien que, a priori, no se va a dejar, le digas lo que le digas. Esto es algo común, como lo muestra el que haya refranes acuñados que expresan de forma gráfica esta posición: “No hay peor sordo que el que no quiere oír” o “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Pero pese a lo anterior, debemos contraponer razonamiento a creencia irracional, explicaciones a posturas cerradas. 
La cuestión del abandono de las cuentas viejas ya no vende, y menos desde que nuestros alumnos las aprenden sin mayor dificultad y llevan esa herramienta cuando arriban a una situación escolar en la que no se emplea ABN: cambio de colegio, o cambio de docente o pase al instituto. Por ahí no cuela. ¿Entonces qué? Pues lo que sigue.
El método ABN es un conjunto complejo y muy articulado de estrategias y de técnicas. Hay que plantear a los objetores del ABN la misma pregunta que le hizo Mozart a Salieri cuando éste le dijo que a una de sus composiciones le sobraban muchas notas: “¿Cuántas? ¿Cuáles son las que sobran?”.
¿Se pueden descalificar o negar las virtudes que conlleva trabajar la numeración como nosotros lo hacemos? Dicho de otra forma. ¿Se puede estar contra el hecho de que los alumnos conozcan muy bien la numeración, sepan abordar un número desde distintos puntos de vista, establecer entre los números vínculos y relaciones, o descubrir los patrones subyacentes que hay en el sistema? ¿A eso se puede negar un docente? ¿Puede defender que es mejor no saber que saber? 
El aprendizaje de las tablas es otro gran caballo de batalla, al que los “tradicionalistas” defienden con denuedo. Si es así, ¿se pueden oponer a que los chicos extiendan las tablas con dígitos a las decenas, centenas, décimas o cualquier otro orden de magnitud? ¿No están de acuerdo en que los niños y niñas ABN tengan un dominio tan excelente de las mismas? ¿Qué defienden pues? ¿Qué sepan menos, que no las controlen, que su manejo sea más pobre e ineficaz? 
Tampoco parece sensato, y yo no he encontrado a nadie que lo haga, discutir la conveniencia de que los alumnos adquieran un buen cálculo mental. Si en el método tradicional el cálculo mental se reduce a los números pequeños, ¿es perseguible que se consiga que ese cálculo se pase a los números de tamaño mediano? ¿Es una desventaja o un peligro para los aprendizajes? ¿Se puede argumentar que este tipo de cálculo es bueno, pero en pequeñas dosis y espaciado, como el alcohol?
No sé si algún profesor ABN conoce a alguien que imparta matemáticas y que no esté de acuerdo en la importancia de que los alumnos sepan resolver problemas. Yo al menos, y he conocido a miles, no me he cruzado con ninguno. Por tanto, cuando nos encontremos con la negativa rotunda al uso de nuestro método, se puede argumentar si esa posición se lleva incluso a los aspectos que conducen a una mejora de la capacidad de resolución. ¿Ni siquiera son salvables, recuperables o utilizables las estrategias que hacen que nuestros niños más que doblen el número de problemas bien resueltos respecto a los del cálculo de toda la vida?
No voy a seguir porque este artículo se haría interminable. Hay docentes que han emitido una sentencia irreversible, aunque no sepamos cuál es el delito que se castiga. En plan de broma le contesté a uno de los irreductibles que al igual que Dios estaba dispuesto a salvar a Sodoma si encontraba cinco justos, si él perdonaría al ABN si encontraba no cinco ni cuatro, sino uno o dos aspectos positivos. No me contestó. 
Acabo justificando el título del artículo. Las descalificaciones globales nos indican que quien las hace piensa que el ABN responde al modelo de la bola de acero: todo es una misma cosa, no hay partes, todo es una masa informe. Por tanto, no hay matices. Pero nuestro método es más una naranja. Hay una piel que le da unidad, pero dentro hay gajos unidos por una estructura, y cada gajo contiene a su vez filamentos, agua, semillas, etc. No es lo mismo, les parezca lo que les parezca a los guardianes de la ciudadela.